Los fuertes de espíritu se forma cuando por si solos han de asumir las más duras pruebas, sin más recursos que la capacidad para determinar de qué lado está el deber.
En días recientes he tenido que resolver entre la simpatía de unos pocos y la necesidad de hacer justicia a la mayoría.
Los que saben aprovechar momentos como ese, hubiesen escogido con facilidad, pero yo, perdedor cuando se trata de sacar provecho a las cuestiones éticas, enseguida tomé el lado que suele traer problemas.
Los acontecimientos del diario me han servido para darme cuenta de las deformaciones que hemos de corregir si verdaderamente queremos legar un país fuerte y disciplinado a las generaciones actuales y futuras.
Fuertes de espíritu
No es tiempo de ceremonias, repite Ada Rigual, profesora de mis años mozos, y agrego que, no es más el tiempo de la charla educativa, el pañito tibio, la cara rosada y la inexcusable tolerancia que desde hace mucho tiempo nos caracteriza porque, el deformado, el oportunista y el provocador visten la túnica de la simulación, y Cuba no está para eso.
Todavía hay quien defiende lo mal hecho, quien justifica, quien se pone al lado del que le hace la vida difícil a la población. Como si fuera poco, es también el que calumnia y denigra a quien tiene el valor de enfrentarse porque cree firmemente en la fuerza de las buenas acciones.
Para que el mal no triunfe
Mientras eso sucede, muchos que optan por la pasividad, y no piensan en el daño que a mediano y corto plazo le infunden al país.
Dijo Edmund Burke que, para que el mal triunfe solo es necesario que los hombres de buena voluntad, no hagan nada. Y desde mi perspectiva, no dejo de repetir que es muy fácil erradicar el marabú de la inconsciencia, solo hay que poner la cuchilla de ese gran buldócer de la moral y la virtud cubanas, bien abajo, pegada a las raíces porque de lo contrario nuestro legado a los niños y jóvenes de hoy será el de la tolerancia, la chapucería y la completa desvaloración del bien.
Estamos en el tiempo de los fuertes de espíritu, de los que solemos buscarnos problemas. ¡Nos tocó!, son las balas que hemos de disparar en nuestra época convulsa; son nuestro Moncada y nuestra Sierra Maestra, y puede que la lucha sea más difícil que aquella llevada a cabo bajo la protección de la agreste montaña.
Ninguna cosa que hagamos será suficientemente fuerte, buena, si no va acompañada de la honestidad, la empatía y el concepto de un solo país y el respeto y consideración a nuestros hermanos, esto último- a mi juicio- lo más importante.
Alertas por un futuro mejor
Cuba es grande, ya lo he dicho, porque tiene la capacidad de pensar en todos, porque se convierte en monolito frente a la adversidad y porque, el problema de uno es problema de la mayoría.
Tenemos enemigos internos y externos que a diario traen por los pelos nuestros problemas y necesidades para satanizarnos. Son esos que llevan la respuesta de la cada vez mayor inmediatez, mayor transparencia de nuestros asuntos y la mano dura del pueblo que no puede olvidar la idea que defiende aunque la cuesta sea de las más empinadas.
Hemos de ser fuertes de espíritu, Cuba no puede permitir, nosotros, no podemos permitir que los que maltratan, ofenden y dividen, los que con sus fechorías hacen heridas en el corazón de la nación, tengan una sola oportunidad. Cuba es para los que se sienten cubanos, con todo lo que eso implica.
Los periodistas tenemos herramientas muy valiosas para mejorar la sociedad. Por tal motivo, el dedo sobre la impunidad, sobre lo mal hecho y sobre los que pretenden vivir por encima de las leyes ha de convertirse en la regla, en el día a día para nuestra profesión.
Al fin y al cabo, la patria da las batallas más difíciles a sus mejores guerreros.