Periodista de barriada

Periodista de barriada, es lo que soy y mis amigos suelen bromear con ese título que yo mismo me he adjudicado. Porque el periodismo, puede ser televisivo, o desarrollarse en la prensa plana, la radio o la internet, pero no es muy común eso de, “el barrio”.

Pero yo insisto y les demuestro que no hay nada más importante que esta especialidad, en tiempos de fakenews,  enemigos enfurecidos y andanadas mediáticas para confundir a los más humildes.

El periodista de barriada es un ser afortunado; tiene la posibilidad de asistir a cada historia de vida que ocurre a la vuelta de la esquina, desde los cimientos hasta   el desenlace, sin necesidad de transporte, corbata o equipos sofisticados.

Periodista de Barriada, a sus órdenes

Por su ubicación, el periodista… se convierte en confesor de sus conciudadanos que le trasladan frustraciones, asuntos por resolver y las dudas acumuladas en materia de política, economía o el orden del universo.

La barriada, escenario del periodista de barrio

El periodista de barriada tiene, como pocos, la posibilidad de ser árbitro de cuestiones que le acechan por derecho y profesión: ideas innovadoras, sugerencias, insatisfacciones pasan por su discernimiento y sensatez, y se tramitan para que reine la paz entre vecinos, se concreten sueños y se generalicen experiencias.

Cuando el periodista de una TV comunitaria, como las que existen en nuestra provincia, sale del set de transmisiones, tiene el deleite de encontrarse, casi de inmediato con sus seguidores,  y saber de primera mano qué les gustó, qué les resultó aburrido, superficial y cómo averiguar de primera mano las 16 onzas de un problema.

De todo un poco el periodista del barrio

Periodista Lázaro Boza Boza, al servicio del barrio

Nadie puede decir que el periodista de barriada no sabe de agricultura, si cada sábado se va a los campos; que no sabe de historia local, que está ajeno a la cola del arroz, si él estaba en la cola, en fin, tiene la franquicia de ser parte de la comunidad y compartir sus dificultades, gozos y privaciones como uno más.

El periodista de barriada es, a veces, el vocero de sus conciudadanos quienes lo comisionan para asuntos difíciles, como cuando falta sensibilidad y empatía en la respuesta oficial a sus pedidos.

Los servidores públicos- los verdaderos- aprecian al periodista de barriada. A él se encomiendan cuando la mayoría se conduce con ligereza, y a él recurren para comunicar  las buenas y las malas noticias, sin dorados y con total  transparencia.

También hay malos, y el deber del periodista de barriada es “disciplinarlos” con los argumentos de una prensa veraz y objetiva, en bien de la colectividad, aunque haya consecuencias no siempre halagüeñas; y en tal sentido, el periodista de barrio aprende bien, y a costa de amargas experiencias.

El periodista de barriada, aunque circunscribe su labor a una comunidad determinada, piensa en grande, más allá de sus fronteras, porque su obra está dedicada a la patria chica, donde se funde el crisol de la nación y la nacionalidad, donde más se defiende lo autóctono, los que nos hace justicieros, los que nos hace cubanos.

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