Tiempos de unidad: luchemos todos por lo que es de todos

Decir no a la indiferencia se impone ante desafíos y contextos sin precedentes. Son tiempos de unidad en Cuba, luchemos todos por lo que es de todos.

El peor de los males que puede sufrir una sociedad es la indiferencia.  Si como grupo humano no sentimos en carne propia lo que sucede a nuestro alrededor hipotecamos el futuro.

No se trata de pesimismo sino de encender los bombillos de alerta ante cada mal que por fuerza de la propia existencia humana va aflorando.  Saber enfrentarlos en estos tiempos, con carácter cívico desde la familia, pasando por la escuela hasta los ámbitos sociales donde nos desempeñamos será vital para que la mala hierba no invada el cultivo.  

Males de todo tipo afloran en una sociedad que aspira a la mayor cuota de justicia posible pero aun es imperfecta. Desde el basurero de la esquina hasta el bache eterno o la conducta burocrática y prepotente de algunos   que en no pocos casos son la punta del iceberg de males mayores que tienen que ver con liderazgos y competencias.

Elementos que corrompen la sociedad y campean por su respeto también copan el panorama social y en no pocas ocasiones le hacemos el juego haciéndolos ver como paradigmas para nuestros hijos.  Nuevos ricos sin sudar y mucho sudor con poca recompensa, algunos le llaman la pirámide invertida, colocarla en su justo puesto tiene que ser desvelo y empeño constante. 

El país que logra cobertura médica gratuita para sus hijos y educación de calidad formando profesionales de primer nivel está en condiciones de replantearse sus lógicas sociales para perfeccionarlas en estos tiempos y dar pasos adelante donde todos conjuguemos nuestro actuar en primera persona.  

No falta quien en campaña politiquera y sesgada arremete contra la obra social que edificamos,  tampoco falta quien en su ideal de proteger la obra  todo lo oculta  bajo  un manto que no permite mover los resortes dialecticos  que deben inspirarnos.  Ambas posiciones suelen ser dañinas y nada apegadas al concepto de construcción del socialismo donde el pueblo es el dueño de los medios de producción y por ende su mayor protector.

Decir no a la indiferencia como patrón de conducta y principio fue la enseñanza legada por Fidel. La actual dirección de la revolución está dando muestras de apego a este concepto, atendiendo en su momento cada problema, abriendo canales para la comunicación directa con el gobierno y llegando a cada provincia en acto de gobernanza colectiva como de seguro no se hace en ningún otro lugar de este mundo.

En momentos de contingencia como los que vivimos la denuncia ciudadana ha sido capaz de frenar la especulación y el alza de los precios en servicios tan vitales como la transportación de pasajeros o el expendio de alimentos, ejemplos que muestran que si el pueblo controla y actúa en el radica el genuino poder.

Decir no a la indiferencia hoy más que nunca se impone ante desafíos y contextos sin precedentes. Una verdadera balanza tiene que equilibrar a la sociedad para salvar lo mejor de nuestros valores inspirados en los padres fundadores de nuestra nación.  

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