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Los mayores genocidas de este mundo

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La justificación siempre ha sido la misma: "daños colaterales", "combatientes enemigos" – dicen los militares norteamericanos cuando se trata de masacres a civiles.

La pasada semana, numerosos medios de prensa destacaron el aniversario cuarenta de una de las fotografías más famosas y tristes de la historia: la "niña de napalm", escalofriante testimonio gráfico tomado por el lente del fotógrafo vietnamita Nick Ut.

El 8 de junio de 1972, Kim Phuc con solo 9 años, conoció en su cuerpo el horror de la guerra que Norteamérica llevaba a su país. Un avión subvietnamita lanzó una carga mortal sobre el pueblo de Trang Bang, en ataque coordinado con el mando estadounidense.

El torrente de fuego que cayó del cielo cambió a Kim para siempre, del mismo modo que el plomo y la metralla dieron cuenta de millares de sus compatriotas en una de las guerras más crueles de todas las conocidas.

Esta que les cuento, es otra, de tantas historias de horror y muerte que los campeones de la democracia protagonizaron en Vietnam.

En la mañana del 16 de marzo de 1968, la Compañía C del 1º Batallón de la 20ª División de Infantería, y la Compañía B del 4º Batallón de la 3ª División de Infantería, fueron lanzadas en el área de la aldea de Son My, al este del distrito de Son Tinh, Vietnam del Sur.

En su destino, sin encontrar rastros del enemigo, soldados de la 2ª sección de la Compañía C, comenzaron a abatir a los pobladores, ultimando la mitad del poblado. Posteriormente se trasladaron al poblado de Bihn Tay, donde continuaron la carnicería.

La primera sección, al mando del teniente William L. Cassey, porfiando con sus camaradas de la segunda sección, arrasó la zona sur de My Lai, disparando a todo lo que se movía y violando a las mujeres para después ejecutarlas.

A su paso, los soldados norteamericanos mataban a los animales, y quemaban los cultivos y chozas.

En la masacre perecieron más de trecientas personas, todos los muertos eran ancianos, mujeres y niños.

El informe oficial, constituyó un monumento al sadismo y la hipocresía: 128 enemigos caídos, capturados valiosos prisioneros y se incautaron algunas armas. Veinte civiles vietnamitas resultaron muertos a consecuencia de "quedar atrapados en el área de batalla". Las fuerzas norteamericanas sufrieron 2 muertos y 10 heridos en acción.

El fotógrafo Ronald Haeberle y el periodista Jay Roberts fueron testigos de la matanza:

"Minutos después de entrar a My Lai, un soldado apuñaló con su bayoneta a un granjero vietnamita de mediana edad, sin ninguna razón aparente. Luego, mientras la víctima estaba en el suelo jadeando para respirar, el soldado lo remató. Este mismo soldado agarró después a otro hombre que estaba siendo detenido, le disparó en la nuca, tiró su cuerpo en un pozo, y lanzó una granada M-26 dentro del mismo...

Un soldado encontró a una joven mujer con un niño de unos cuatro años de edad. La obligó a satisfacer sus deseos sexuales mientras apuntaba con su arma a la cabeza del niño, amenazando con matarlo. Otro soldado, que acababa de violar a una joven, le metió el cañón de su M16 en la vagina y apretó el gatillo. Un jefe de escuadra dijo a sus soldados que no le gustaba lo que estaban haciendo, pero que había que cumplir las órdenes. El escenario era un completo caos donde reinaba la confusión, por doquier había gente que corría y gritaba, algunos de los soldados temían ser víctimas de los disparos de sus enloquecidos compañeros.

Dos niños heridos, de una edad aproximada de cinco y ocho años, salieron corriendo y llorando de una choza en llamas, un soldado les disparó a los dos en el pecho y los hombros. Cuando se le preguntó por qué los había matado, el soldado respondió: "Porque ya estaban medio muertos". "

Treinta y dos años después, en Faluya, Irak, el hecho se repetía; así lo narró un reportero de prensa:

"Pocos días después de iniciado el ataque, el olor a muerte inundaba la ciudad. Hombres, mujeres y niños, caían abatidos por las bombas lanzadas desde aviones y helicópteros. Los tanques disparaban metralla sobre calles y moradas cubiertas de centenares de cadáveres. Los norteamericanos se negaron a permitir el paso de ambulancias y personal médico, medicinas, agua y alimentos para paliar la sed, el hambre y las heridas de los pobladores. Las víctimas civiles se contaron por centenares."

A los asesinatos masivos perpetrados por el nazifascismo en el siglo XX, a la Guernica, en 1937, pesadilla inmortalizada por Picasso, a la Aldea de May Lai en 1968 y a la Faluya Iraquí del 2004 se unen los escenarios criminales, en todos los "oscuros lugares del mundo donde los pobres, los marginados, los desposeídos se han atrevido a cuestionar el estado de cosas tal como lo imponen los intereses de Occidente.

Los asesinos siempre han actuado igual; poseen el instinto del perro de presa y apuntan a la garganta de sus víctimas, por el hambre impía de tierras y recursos naturales, que son la sangre de los pueblos. Los mayores genocidas de todos los tiempos, viven en un país al norte del Río Bravo, en territorios usurpados, donde, en la temprana fecha de 1620 ya eran considerados, asesinos de hombres.

Modificado por última vez en Jueves, 14 Junio 2012 13:56

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Edición digital del canal de televisión Tele Pinar. | Director general: José A. Hernández Temprana. | Jefe de información: Onorys Madera Puente. | Editores: Jorge Gorgoy Crespo y Sisely González Valdés. | Traducción: Sisely González Valdés. | Diseño y realización: Ignacio J. Díaz Crespo. – Pinar del Rio, Cuba – © Copyright 2012. Todos los derechos reservados.

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