En mi caso particular, el "dolor de cabeza vacacional" comienza cuando, un lunes cualquiera de los primerizos estivales, se me ocurre dar una "vuelta" por casa, sobre las diez de la mañana, y encuentro los ventiladores a plena marcha, persianas cerradas y pibes y pibas de los que ya no tienen que asistir a la escuela en el décimo sueño... hasta septiembre.
¡Se acabó la tranquilidad! Cuesta trabajo levantarlos; es como si diez meses de, ¡De pie!, a las seis, desayuno a la carrera y salida para clases les estuvieran pasando la cuenta. Si se me ocurre hablar alto, encender luces o poner la radio- por ejemplo- se arma la algarabía y, menos lanzarme un zapato o una almohada- que todavía hay respeto- me bombardean con una formidable avalancha de reproches.
¡Déjalos, que salieron bien en las pruebas y están cansados!, esa es mi mujer, abogada del diablo, mejor dicho, de los diablillos y diablillas que pueblan mi morada
Los dejo por imposible y me concentro en el trabajo que, también me reserva mi descansillo para la temporada calurosa. Llega el primero de agosto y me anuncian ¡quince días! para hacer lo que "me venga en gana". Pero, no sé por qué, no me seduce la idea de irme a casa.
Me sorprendo haciendo un balance de ese primer mes de julio en el que tuve la dicha de estar pocos momentos en casa- por motivos de trabajo- y me asusto al recordar el importe de la electricidad con 180 pesos. DVD, VCR, PC y todos los cacharros de la modernidad que mis esfuerzos han sido capaces de acumular en "beneficio" de mis retoños, me están golpeando el bolsillo. Cada mañana, no muy de mañana- como les conté- Si la pequeña troica despertó, si logró desayunar- merendar- almorzar, entonces comienza la sección de intereses contrapuestos cuya única solución consiste en concertar una especie de acuerdo tripartito en el cual, uno juega Need For Speed, otra ve, H2O, o sea, una serie comprada a un vendedor de DVD y la otra se emplea a fondo en la música de "Osmany García". Cualquiera podría objetar: "bueno, pero no es tan malo; así los tienes controlados..."
Controlados sí, solo que el metro contador no entiende de entuertos educativos ni de psicología de las edades. Un par de horas después, democráticamente o por medio de un combate, el acuerdo se somete a discusión y, la del DVD pasa a la PC, el de la PC, pasa a "Osmany García" y la del reguetonero, planta una novelita mexicana que la "bondadosa" vecina le prestara.
En estas sesiones, que ocurren día tras día durante el séptimo y el octavo mes del año, los ventiladores no han dejado de girar, el refrigerador llora a lágrima viva, de tanto abre y cierra, no queda nada en la despensa, pese a los esfuerzos titánicos por mantenerla abastecida de chucherías y los muebles piden a gritos un carpintero que le ajuste las maderas.
Pero bueno ¡Estoy de vacaciones!
A la una de la tarde, me dejan un espacio y se van a comprar mamoncillos, ¡mamoncillos, sí, que este croniqueo es de un periodista de pueblo chiquito y no hay muchas opciones cosmopolitas! Se abre un espacio en el que puedo, ¡Caramba! recostarme un ratico, ¡Aaaaah! , ¡Descansar...!
¡Zaz! Me alarmo, no han pasado dos horas y veo una silueta pequeña pasar como un bólido por el jardín, me incorporo: nada, no es nada y, no hago más que quedarme dormido cuando la silueta sale otra vez al escape; segundos después, la algarabía y... ¡corre, que soltaron el perro!, ¡Ese perro "bocú", que come como una bestia, cuya única ocupación consiste en echarme a perder la tarde mientras me hace correr el barrio intentando capturar el extremo de la cadena!
Al fin lo capturo y me acuerdo de la "faena" de la tarde. ¡Lo prometiste! Así que, no hay más remedio y me tengo que llevar la "brigada" a darse un chapuzón en el río.
Regreso a las cinco, con la esperanza de que estén cansados pero, ¡No!, esa es la hora de ¡Repetir! la sesión de cine- TV- Need For Speed- reguetón de la mañana. Ahí es cuando la "abogada del diablo" que defendiera la causa número uno, de agosto del 2012, de mi humilde morada, pierde la paciencia y comienza a cambiar de bando.
¡A bañarse! ¡Yo no voy a decirlo más! ¡Me da igual si comen, o si no comen!
Nada, la perorata no surte efecto. Esos críos tienen la increíble habilidad de, "no darse por enterados", lo que a veces crea dudas respecto a sus capacidades auditivas; digo a veces, porque casi siempre oyen más de lo que les conviene.
Durante esas escenas "tan cotidianas" que ponen en tres y dos la caída de la tarde y la llegada de la noche en mi habitáculo, me escurro y me voy a la casa de un vecino cercano para hablar de cine, copiar algún filme o intercambiar algún libro que leeré en los ratos ¿libres? que me deje mi tropa.
Con noche cerrada, viene el humorístico que sorprende a mis pibes en medio de la cena. Como casi todos los niños, los míos tienen una dificultad patológica que les impide mirar y tragar, por lo que, seguramente, una vez más, el perro se dará un atracón de comida fría, "sin tocar", gracias a los chistes de "mentepollo", ó a las preguntas enredadas del narizón de, "la neurona intranquila".
La novela, también es punto fijo. Se saben la trama y los vericuetos mejor que nadie y, hasta anuncian el final, que "tienen" en ¡Mi computadora!
Son las once de la noche, estoy hecho tierra y mi mujer, la abogadilla, tiene ojeras y un mal humor que se las trae. El "trío" no quiere irse a dormir, ¡Claro!, ¡Durmió hasta las once de la mañana! Y... deciden por unanimidad, ver la película de ciencia ficción, que es una Cosa que sale del hielo y que, como ellos, ¡Mete Miedo!
"Así día tras día"- me da por tararear una canción de Sheena Easton...
Del resto de la historia, no me acuerdo: solo sé que vi una luz, experimenté una sensación de placer, sentí el aire frío en el rostro y una voz suave que me anunciaba que, el próximo quince de agosto, se acaban mis vacaciones...