Quizás así, parafraseando su sensible tema de Un girasol pequeño, puesta en escena de Titirivida, intentaríamos comenzar el cuento, de la propia existencia de este reconocido compositor para niños.
Gorgoy, uno de los fundadores de la Nueva Trova en Vueltabajo, posee 42 años de vida artística y más de 30 como profesional. Comenzó a inicios de los 70, apenas un bisoño muchacho recién salido del servicio, en el Grupo de Teatro para Jóvenes y Niños de Pinar del Río, luego Caballito Blanco.
En el 94, funda junto a Luciano Beirán (director), Carlos Piñero (actor) y Marlenis Torres (actriz), el conjunto Titirivida. "Es la etapa más importante de mi carrera como músico, y compositor, con ellos comencé a actuar, manipulé muñecos. Las vivencias son las más lindas del mundo. Lo mejor que he hecho musicalmente, lo hice con Titirivida".
De ahí sus laureadas composiciones El cangrejo volador y El caballito blanco, ambos sobre homónimos de Onelio Jorge Cardoso y El caballito enano de Dora Alonso.
Ahora, a dos años de su jubilación dice estar "en otra historia de mi vida, el proyecto Artecuento de narraciones orales. Tenemos peñas fijas en comunidades. Vamos hasta donde nos lleve la yegua, un carro de caballo, a contar cuentos y a cantar".
Para Gorgoy un autor en sentido general, literato, dramaturgo o músico, debe respetar al niño. "Rompí con toda la ñoñería, esa forma de tratar al niño como si no fuera inteligente. Traté que mis textos dijeran algo, tuvieran una poesía entendible para un niño, sin metáforas, sencilla. El público infantil no es como el adulto, hay que ponerse al nivel para el que trabajas".