Septiembre es de esos meses llenos de simbolismos y de cambios en la vida de toda la familia. En Cuba es un mes especial se comienzan a tejer los sueños de quienes asisten a las aulas ávidos de conocimientos.
La premura de lo cotidiano y las dificultades muchas veces no permiten aquilatar en toda su magnitud la grandeza de la conquista. Se trata del derecho más preciado y emancipador, la educación, un anhelo de muchos que en Cuba es una realidad.
El primer día del curso tiene sabor a encuentros, nostalgias del verano pero siempre la certeza de que a partir de ese momento se conquistan saberes y experiencias.
Es cierto que todo no es color de rosas que existen dificultades en el azaroso camino de la enseñanza y más que nada de la educación.
La escuela cubana enfrenta desafíos que mucho tienen que ver con nuestros tiempos. Nuevas tecnologías saturando el cotidiano de vida de todos, influencias múltiples y diversas, asedios y bloqueo pero siempre la escuela al centro de cada comunidad como un ente dinámico y participativo.
De nuestras aulas en todos los niveles de enseñanza emergen ciudadanos con preparación potencial más que suficiente para que Cuba hoy preste servicios en muchos países del mundo y además forme en sus escuelas a miles de estudiantes extranjeros.
Desde el momento en que la revolución erradicó el analfabetismo, convirtió los cuarteles en escuelas e hizo de la educación un bien público la máxima martiana ¨…Ser cultos es el único modo de ser libres…¨ es una certeza.
Fiesta en las calles cubanas, arcoíris de colores que cada septiembre anuncia que hay razones por las cuales soñar, crear y fundar la Cuba a la que aspiramos.
Leer también: Curso escolar 2019-2020 en Pinar del Río
